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El arrebatamiento de la iglesia según la Biblia

El arrebatamiento de la iglesia es una de las enseñanzas más importantes de la esperanza cristiana. La Biblia enseña que el Señor Jesucristo vendrá por su iglesia, que los muertos en Cristo resucitarán primero y que los creyentes vivos serán transformados y arrebatados para recibir al Señor en el aire. Esta esperanza debe producir consuelo, santidad, vigilancia, fidelidad y urgencia espiritual.

El arrebatamiento también es conocido por muchos como el rapto de la iglesia. Ambas expresiones se usan para referirse al mismo acontecimiento: el momento en que Cristo levantará a su iglesia antes del período de siete años conocido como la última semana de Daniel. Después del arrebatamiento, Dios tratará de manera particular con Israel durante ese período profético final.

Esta enseñanza no debe estudiarse con miedo, curiosidad superficial ni deseo de poner fechas. La Palabra de Dios presenta el arrebatamiento como esperanza y consuelo para los creyentes. Pablo escribió sobre este tema y luego dijo: “Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:18).

El arrebatamiento de la iglesia según la Biblia es la esperanza de los creyentes de ser reunidos con Cristo antes de la semana setenta de Daniel, siendo los muertos en Cristo resucitados y los creyentes vivos transformados para recibir al Señor en el aire.

Este estudio se conecta con Profecía bíblica y fin de los tiempos, porque el arrebatamiento ocupa un lugar central en el orden profético: primero Cristo viene por su iglesia, luego comienza la última semana de Daniel, después se desarrolla la gran tribulación en los últimos tres años y medio, y finalmente el Señor se manifiesta con poder y gloria.

Qué es el arrebatamiento de la iglesia

El arrebatamiento de la iglesia es el acontecimiento en el cual Jesucristo levantará a los creyentes para encontrarse con Él. La enseñanza principal se encuentra en 1 Tesalonicenses 4:16-17:

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire”.

Este pasaje presenta varios elementos importantes:

Cristo mismo descenderá del cielo.

Habrá voz de mando, voz de arcángel y trompeta de Dios.

Los muertos en Cristo resucitarán primero.

Los creyentes vivos serán arrebatados juntamente con ellos.

El encuentro será con el Señor en el aire.

El resultado será estar siempre con el Señor.

El arrebatamiento no es una invención humana, sino una enseñanza bíblica basada en la promesa de Cristo y en la revelación apostólica.

La palabra “arrebatados” expresa la idea de ser tomados, levantados o llevados con fuerza por la acción de Dios. No se trata de una mejora progresiva de la humanidad, sino de una intervención divina en la cual Cristo reúne a su iglesia.

Arrebatamiento y rapto de la iglesia son lo mismo

Algunas personas usan la palabra “arrebatamiento” y otras la palabra “rapto”. En el lenguaje bíblico y doctrinal, ambas expresiones se refieren al mismo acontecimiento: la reunión de la iglesia con Cristo antes del período de juicio que vendrá sobre la tierra.

La palabra “rapto” no debe confundirse con ideas extrañas o sensacionalistas. Se usa para expresar la acción de ser tomado o llevado. El término bíblico en español que aparece en 1 Tesalonicenses 4:17 es “arrebatados”.

Cuando hablamos del arrebatamiento o del rapto de la iglesia, hablamos del mismo evento: Cristo viene por los suyos y los creyentes son levantados para recibir al Señor en el aire.

Lo importante no es discutir por una palabra, sino entender la enseñanza bíblica: Cristo vendrá por su iglesia, los creyentes serán transformados y el pueblo del Señor será librado antes de la última semana de Daniel.

La promesa de Cristo: “vendré otra vez”

La esperanza del arrebatamiento está relacionada con la promesa de Jesucristo. En Juan 14:1-3, Jesús dijo a sus discípulos:

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay… voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo”.

Esta promesa muestra el corazón pastoral del Señor. Jesús habló a discípulos turbados, pero les dio una esperanza segura: Él volvería y los tomaría consigo.

El arrebatamiento se fundamenta en la promesa de Cristo de volver por los suyos y llevarlos a estar con Él.

El centro de esta esperanza no es escapar de problemas solamente, sino estar con el Señor. Jesús dijo: “os tomaré a mí mismo”. La mayor bendición del arrebatamiento no es solo ser librados del juicio venidero, sino ser reunidos con Cristo.

La esperanza cristiana no está en un sistema político, en un líder humano ni en una mejora definitiva del mundo presente. La esperanza cristiana está en Jesucristo, quien prometió volver.

El fundamento apostólico del arrebatamiento

Pablo enseñó el arrebatamiento con claridad en 1 Tesalonicenses 4:13-18. Los creyentes de Tesalónica estaban preocupados por los hermanos que habían muerto. Pablo les explica que no deben entristecerse como los que no tienen esperanza, porque los muertos en Cristo participarán plenamente de la venida del Señor.

El apóstol no presenta esta enseñanza como una opinión personal. Dice: “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor” (1 Tesalonicenses 4:15). Esto muestra que la enseñanza tiene autoridad espiritual y fundamento revelado.

El arrebatamiento es parte de la doctrina apostólica acerca de la esperanza de la iglesia.

1 Corintios 15:51-52 también enseña esta transformación:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta”.

Este pasaje muestra que habrá creyentes vivos cuando ocurra este acontecimiento. Ellos no pasarán por la muerte física, sino que serán transformados. Los muertos en Cristo resucitarán, y los creyentes vivos serán cambiados para estar con el Señor.

“No todos dormiremos, pero todos seremos transformados”

1 Corintios 15 es un capítulo fundamental sobre la resurrección. Pablo enseña que Cristo resucitó y que su resurrección garantiza la esperanza de los creyentes. Luego explica que no todos los creyentes morirán, pero todos serán transformados.

La expresión “dormiremos” se refiere a la muerte física de los creyentes. Pablo usa este lenguaje porque, para los que están en Cristo, la muerte no tiene la última palabra. La resurrección está asegurada por la victoria de Jesucristo.

El arrebatamiento incluye resurrección para los muertos en Cristo y transformación para los creyentes que estén vivos cuando el Señor venga por su iglesia.

1 Corintios 15:53 dice: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”. El cuerpo presente está sujeto a debilidad, corrupción y muerte. Pero en la venida del Señor por su iglesia, los creyentes recibirán transformación gloriosa.

Filipenses 3:20-21 también afirma que nuestra ciudadanía está en los cielos, “de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra”.

El arrebatamiento ocurre antes de la semana setenta de Daniel

El arrebatamiento de la iglesia ocurre antes del período de siete años conocido como la semana setenta de Daniel. Daniel 9:24-27 enseña que las setenta semanas están determinadas sobre el pueblo de Daniel y sobre la santa ciudad. El pueblo de Daniel es Israel, y la santa ciudad es Jerusalén.

La semana setenta corresponde a un período futuro de siete años relacionado con el trato final de Dios con Israel. Antes de que ese período comience, la iglesia será arrebatada.

El arrebatamiento ocurre antes de la última semana de Daniel, porque esa semana pertenece al trato profético de Dios con Israel y Jerusalén.

1 Tesalonicenses 1:10 enseña que esperamos de los cielos a Jesús, “quien nos libra de la ira venidera”. 1 Tesalonicenses 5:9 añade: “Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

La iglesia no está destinada al período de juicio de la semana setenta. Cristo viene por su iglesia antes de ese tiempo, y después Dios trata con Israel dentro del cumplimiento profético final.

Puedes ampliar este fundamento en Las setenta semanas de Daniel explicadas bíblicamente.

La semana setenta no es el tiempo de la iglesia

Daniel 9:24 declara que las setenta semanas están determinadas sobre Israel y Jerusalén. Esto es clave para no confundir el programa profético. La iglesia participa de la salvación por la gracia de Dios y del evangelio de Jesucristo, pero la semana setenta se relaciona con Israel.

Durante el tiempo presente, el evangelio es predicado a los gentiles. Romanos 11:25 enseña que Israel ha sido endurecido en parte hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. Este endurecimiento es parcial, no total, porque los israelitas que reciben a Jesucristo son salvos.

Cuando termine el tiempo de los gentiles y la iglesia sea arrebatada, comenzará el trato final de Dios con Israel durante la última semana de Daniel.

Esto explica por qué no debe presentarse la semana setenta como una segunda oportunidad general para los gentiles después del arrebatamiento. El tiempo de salvación para los gentiles es ahora. 2 Corintios 6:2 dice: “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación”.

No hay salvación para los gentiles después del arrebatamiento

La enseñanza del arrebatamiento debe producir urgencia espiritual. Los gentiles no deben rechazar el evangelio pensando que tendrán otra oportunidad después de que la iglesia sea levantada. La Escritura advierte con seriedad a quienes no reciben el amor de la verdad.

2 Tesalonicenses 2:10-12 habla de los que se pierden “por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos”. Luego dice que Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados los que no creyeron a la verdad.

Después del arrebatamiento no habrá una nueva oportunidad de salvación para los gentiles que rechazaron el evangelio durante el tiempo de la iglesia.

Esta verdad debe ser enseñada con reverencia. No se trata de asustar sin fundamento, sino de mostrar la seriedad del llamado de Dios. La salvación no debe postergarse. La obediencia al evangelio no debe dejarse para después.

Hebreos 3:15 dice: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”. La palabra importante es “hoy”. El evangelio se debe recibir ahora.

Los primeros tres años y medio después del arrebatamiento

Después del arrebatamiento, comenzará el período de siete años de la última semana de Daniel. Los primeros tres años y medio estarán marcados por un pacto y una aparente paz.

Daniel 9:27 dice que “por otra semana confirmará el pacto con muchos”. Esta primera etapa tendrá apariencia de estabilidad, pero no será la paz verdadera de Dios. Será una paz frágil y engañosa dentro del escenario profético final.

1 Tesalonicenses 5:3 advierte: “que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina”. Esta advertencia muestra que no toda paz anunciada por los hombres procede de Dios.

Los primeros tres años y medio de la semana setenta serán un período de pacto y aparente paz antes del quebrantamiento que dará inicio a la gran tribulación.

La verdadera paz está en Cristo. Juan 14:27 dice: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da”. La paz del mundo puede ser temporal y engañosa; la paz de Cristo es verdadera y eterna.

La gran tribulación son los últimos tres años y medio

A mitad de la semana setenta, el pacto será quebrantado. Daniel 9:27 dice que a la mitad de la semana se hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Jesús relaciona este momento con la abominación desoladora anunciada por el profeta Daniel (Mateo 24:15).

Después de esa abominación, Jesús dice: “habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mateo 24:21).

La gran tribulación no son los siete años completos; corresponde a los últimos tres años y medio de la semana setenta de Daniel.

Daniel 7:25 habla de “tiempo, y tiempos, y medio tiempo”. Daniel 12:7 menciona una expresión semejante. Apocalipsis 11:2 habla de cuarenta y dos meses, y Apocalipsis 12:6 menciona mil doscientos sesenta días. Estas expresiones apuntan al período de tres años y medio.

Esta precisión es importante. Los siete años son la semana setenta de Daniel. La gran tribulación es la segunda mitad de esa semana, después del quebrantamiento del pacto y la manifestación más abierta del anticristo.

La abominación desoladora y el anticristo

La abominación desoladora es un punto clave dentro del orden profético. Jesús dijo: “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, el que lee, entienda” (Mateo 24:15).

Este momento marca el quiebre de la aparente paz inicial. El anticristo se manifestará con mayor fuerza, se levantará contra Dios y dará inicio al período más intenso de angustia.

2 Tesalonicenses 2:3-4 habla del “hombre de pecado” y “hijo de perdición”, quien se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios. Apocalipsis 13 también presenta la acción de la bestia, su autoridad, blasfemia y persecución.

La abominación desoladora marca el comienzo de la gran tribulación y la manifestación abierta de la rebelión del anticristo.

El estudio del anticristo debe hacerse con prudencia. No conviene identificarlo por especulación ni convertir cada noticia en cumplimiento definitivo. La Biblia revela lo necesario para entender el engaño final y permanecer firmes en la verdad.

Diferencia entre arrebatamiento y manifestación gloriosa de Cristo

Es importante distinguir el arrebatamiento de la iglesia y la manifestación gloriosa de Cristo. Ambos se relacionan con la venida del Señor, pero ocurren en momentos distintos dentro del orden profético.

En el arrebatamiento, Cristo viene por su iglesia y los creyentes son llevados para recibirlo en el aire (1 Tesalonicenses 4:16-17). Este acontecimiento ocurre antes de la semana setenta de Daniel.

En la manifestación gloriosa, Cristo viene después de la gran tribulación con poder y gloria. Mateo 24:29-30 dice que después de la tribulación aparecerá la señal del Hijo del Hombre, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria.

El arrebatamiento ocurre antes de la semana setenta; la manifestación gloriosa ocurre después de la gran tribulación.

Apocalipsis 19 presenta a Cristo viniendo como Rey de reyes y Señor de señores. Zacarías 14:4 enseña que sus pies estarán sobre el monte de los Olivos. Este acontecimiento ocurre al final del período de gran tribulación y da paso al cumplimiento del reino milenial.

Puedes ampliar esta diferencia en La segunda venida de Cristo según la Biblia.

El arrebatamiento y la esperanza bienaventurada

Tito 2:13 llama a esperar “la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”. La venida del Señor es esperanza para la iglesia, no motivo de terror para los creyentes fieles.

Esta esperanza bienaventurada debe formar una vida sobria, justa y piadosa. El contexto de Tito 2:11-14 enseña que la gracia de Dios salva y también instruye al creyente para renunciar a la impiedad y vivir para Dios.

La esperanza del arrebatamiento debe producir santidad, sobriedad y fidelidad cristiana.

1 Juan 3:2-3 enseña que cuando Cristo se manifieste seremos semejantes a Él, y todo aquel que tiene esta esperanza en Él se purifica a sí mismo. La esperanza futura debe producir pureza presente.

Quien espera al Señor no debe vivir descuidado, frío ni indiferente. Debe vivir preparado.

El arrebatamiento debe consolar a la iglesia

Pablo escribió sobre el arrebatamiento para consolar a los creyentes. 1 Tesalonicenses 4:18 dice: “Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”.

Esto significa que la enseñanza del arrebatamiento no debe producir confusión ni miedo entre los creyentes. Debe dar esperanza frente a la muerte, fortaleza frente a la aflicción y seguridad en la promesa del Señor.

El arrebatamiento consuela porque afirma que los muertos en Cristo resucitarán, los creyentes vivos serán transformados y todos estarán con el Señor.

La muerte no puede separar al creyente de la esperanza en Cristo. Los que murieron en el Señor no serán olvidados. La iglesia será reunida con su Salvador.

Por eso, el arrebatamiento no debe enseñarse con tono de espectáculo, sino con fundamento bíblico, reverencia y consuelo espiritual.

El arrebatamiento debe producir vigilancia

Aunque la iglesia espera el arrebatamiento, no debe vivir poniendo fechas. Jesús dijo: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42). También dijo que nadie sabe el día ni la hora (Mateo 24:36).

La vigilancia bíblica no consiste en calcular fechas, sino en vivir preparados. Velar es estar despiertos espiritualmente, firmes en la fe, apartados del pecado y atentos a la Palabra de Dios.

El creyente que espera el arrebatamiento debe vivir preparado todos los días.

Romanos 13:11-12 enseña que ya es hora de levantarnos del sueño, porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día.

La esperanza del Señor no debe producir pasividad. Debe producir despertar espiritual.

El arrebatamiento y la vida santa

La doctrina del arrebatamiento no debe separarse de la santidad. Quien espera al Señor debe vivir de manera agradable a Dios. La profecía bíblica no fue dada para alimentar curiosidad, sino para producir fidelidad.

2 Pedro 3:11 pregunta: “¿qué clase de personas no debéis vosotros ser en santa y piadosa manera de vivir?”. El contexto habla del día del Señor y del juicio venidero. La esperanza futura debe transformar la conducta presente.

El arrebatamiento debe mover al creyente a vivir en santidad y obediencia.

La iglesia que espera a Cristo no debe acomodarse al mundo. Debe guardar la fe, perseverar en la doctrina, mantenerse en oración y vivir apartada para Dios.

Puedes ampliar este tema en Estudio bíblico sobre la santidad.

El arrebatamiento y la predicación del evangelio

La enseñanza del arrebatamiento debe despertar urgencia evangelística. Si Cristo viene por su iglesia y después comienza la última semana de Daniel, entonces el evangelio debe predicarse con claridad ahora.

Marcos 16:15 dice: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Hechos 1:8 enseña que el Espíritu Santo da poder para ser testigos. Romanos 10:14 pregunta: “¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?”.

La esperanza del arrebatamiento debe impulsar a la iglesia a predicar el evangelio mientras hay tiempo.

El mensaje apostólico debe proclamarse con claridad. En Hechos 2:38, Pedro llamó al arrepentimiento, al bautismo en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados y a recibir el don del Espíritu Santo.

El evangelio no debe postergarse. La salvación debe buscarse ahora. La iglesia debe anunciar a Cristo con fidelidad, sabiendo que el tiempo es serio y la promesa del Señor es verdadera.

Puedes relacionar este llamado con Estudio bíblico sobre la salvación.

El arrebatamiento y la iglesia fiel

La iglesia que espera al Señor debe ser una iglesia fiel. Hechos 2:42 muestra a los primeros creyentes perseverando en la doctrina de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones.

Hebreos 10:24-25 llama a los creyentes a considerarse unos a otros para estimularse al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarse, y añade: “y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.

La esperanza del arrebatamiento debe fortalecer la vida de iglesia, la comunión, la doctrina, la oración y el servicio.

Una iglesia que espera a Cristo no debe vivir distraída ni dividida. Debe perseverar en la Palabra, cuidar la santidad, amar a los hermanos y servir con fidelidad.

El Señor viene por una iglesia que debe estar preparada, no por una iglesia dormida espiritualmente.

El arrebatamiento y Apocalipsis

El libro de Apocalipsis presenta a Cristo glorificado en medio de las iglesias en Apocalipsis 1–3. Después de los mensajes a las siete iglesias, la escena se traslada al cielo en Apocalipsis 4, y desde allí se desarrollan los juicios que vendrán sobre la tierra.

La iglesia será arrebatada antes de los juicios finales relacionados con la semana setenta de Daniel. Apocalipsis muestra el desarrollo de ese período profético, la manifestación del anticristo, los juicios de Dios, la caída de Babilonia, la venida gloriosa de Cristo, el milenio, el juicio final y la esperanza eterna.

Apocalipsis confirma que Cristo gobierna la historia y que la iglesia debe vivir fiel mientras espera al Señor.

El estudio de Apocalipsis debe mantener este orden profético: Cristo trata con sus iglesias, la iglesia es arrebatada, Dios trata con Israel durante la semana setenta, la gran tribulación se desarrolla en los últimos tres años y medio, y Cristo se manifiesta con poder y gloria.

Puedes estudiar este panorama en Estudio bíblico del libro de Apocalipsis.

Errores comunes al estudiar el arrebatamiento

Un error común es negar la distinción entre el arrebatamiento y la manifestación gloriosa de Cristo. Esa confusión desordena los pasajes proféticos.

Otro error es afirmar que la iglesia pasará por la semana setenta de Daniel, cuando esa semana está determinada sobre Israel y Jerusalén.

También es un error llamar gran tribulación a los siete años completos. Los siete años son la semana setenta; la gran tribulación son los últimos tres años y medio.

Otro error es enseñar que los gentiles tendrán una oportunidad de salvación después del arrebatamiento. La Biblia llama a recibir el evangelio ahora.

También se debe evitar poner fechas para el arrebatamiento. La iglesia debe vivir preparada, no calculando días.

Otro error es estudiar el arrebatamiento solo como tema profético y no como llamado a santidad, vigilancia y evangelismo.

El arrebatamiento debe estudiarse con fundamento bíblico, orden profético y aplicación espiritual.

Preguntas para estudiar el arrebatamiento en grupo

Estas preguntas pueden ayudar a estudiar el tema con orden:

  • ¿Qué promete Jesús en Juan 14:1-3?
  • ¿Qué enseña 1 Tesalonicenses 4:16-17 sobre los muertos en Cristo y los creyentes vivos?
  • ¿Qué significa que seremos arrebatados para recibir al Señor en el aire?
  • ¿Qué enseña 1 Corintios 15:51-52 sobre la transformación de los creyentes?
  • ¿Por qué el arrebatamiento consuela a la iglesia?
  • ¿Por qué ocurre antes de la semana setenta de Daniel?
  • ¿Qué relación tiene Daniel 9:24-27 con Israel y Jerusalén?
  • ¿Por qué la gran tribulación no son los siete años completos?
  • ¿Qué diferencia hay entre arrebatamiento y manifestación gloriosa de Cristo?
  • ¿Por qué los gentiles deben responder al evangelio ahora?
  • ¿Cómo debe vivir una persona que espera al Señor?
  • ¿Qué relación hay entre esperanza profética y santidad?

Estas preguntas ayudan a mantener el estudio centrado en la Escritura y en la aplicación cristiana.

Aplicación cristiana del arrebatamiento

El arrebatamiento de la iglesia debe producir una respuesta espiritual.

Primero, debe llevarnos a confiar en la promesa de Cristo.

Segundo, debe consolarnos frente a la muerte y la aflicción.

Tercero, debe despertarnos a vivir preparados.

Cuarto, debe impulsarnos a la santidad.

Quinto, debe motivarnos a predicar el evangelio mientras hay tiempo.

Sexto, debe fortalecer nuestra vida de iglesia.

Séptimo, debe ayudarnos a estudiar la profecía con orden y sin sensacionalismo.

La esperanza del arrebatamiento debe formar creyentes fieles, santos, vigilantes y comprometidos con la Palabra de Dios.

No basta decir que Cristo viene. Debemos vivir como personas que realmente esperan al Señor.

Resumen del artículo

El arrebatamiento de la iglesia es la esperanza bíblica de que Cristo vendrá por los suyos. Los muertos en Cristo resucitarán primero, y los creyentes vivos serán transformados y arrebatados para recibir al Señor en el aire.

El arrebatamiento ocurre antes de la semana setenta de Daniel. Después de ese acontecimiento, comenzará el período de siete años determinado sobre Israel y Jerusalén. Los primeros tres años y medio estarán marcados por pacto y aparente paz. A mitad de la semana, el pacto será quebrantado y comenzará la gran tribulación, que durará tres años y medio.

Después de la gran tribulación, Jesucristo se manifestará con poder y gloria, pondrá sus pies sobre el monte de los Olivos y derrotará a sus enemigos, dando paso al reino milenial.

El arrebatamiento no debe producir temor en la iglesia fiel, sino consuelo, esperanza, santidad, vigilancia y servicio.

Conclusión

El arrebatamiento de la iglesia según la Biblia es una verdad gloriosa y solemne. Cristo prometió volver por los suyos. Pablo enseñó que los muertos en Cristo resucitarán primero y que los creyentes vivos serán transformados para recibir al Señor en el aire.

Esta esperanza debe consolar a la iglesia, pero también debe despertarla. El tiempo de salvación para los gentiles es ahora. La iglesia debe predicar el evangelio, vivir en santidad, perseverar en la doctrina apostólica y mantenerse preparada para la venida del Señor.

El arrebatamiento no es una enseñanza para alimentar curiosidad, sino para fortalecer la fe. Cristo viene por su iglesia. Esta verdad debe ordenar nuestra vida, afirmar nuestra esperanza y llevarnos a servir a Dios con fidelidad.

Para continuar ordenando este tema dentro del panorama profético, puedes estudiar Profecía bíblica y fin de los tiempos, donde el arrebatamiento se ubica junto a la semana setenta de Daniel, la gran tribulación, la manifestación gloriosa de Cristo y la esperanza final del pueblo de Dios.

Si deseas revisar más estudios relacionados con los últimos tiempos, también puedes entrar en la Categoría de profecía bíblica, donde encontrarás artículos sobre Daniel, Mateo 24, Apocalipsis, la segunda venida de Cristo y otros pasajes proféticos.

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Bíblicos Cristianos. Desde el año 2001 ha servido en áreas de enseñanza bíblica, liderazgo cristiano y formación espiritual. Su propósito es compartir estudios bíblicos claros, organizados y prácticos que ayuden a aprender, enseñar y aplicar la Palabra de Dios.

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